IMITATION OF LIFE 1

IMITATION OF LIFE A FILM BY DOUGLAS SIRK.

Los títulos de crédito de esta Imitation of life, son incrustados sobre unos diamantes que caen como sí se tratase de una lluvia de brillantes. Esta metáfora Sirkiana nos aproxima hacia la trama principal: el dinero que se refleja en unos diamantes, cuya mayor extracción se realiza en el continente africano. Esta dialéctica tiene un sentido real dentro de esta configuración melodramática Sirkiana, ya que Annie (Juanita Moore) es negra y toda la película es sobre fingir o imitar lo que no sé es, ya sea el caso de Lora (Lana Turner) y/o Sarah Jane (Susan Kohner).

Douglas Sirk dijo que Imitation of life era algo más que un buen título, textualmente dice:

Es un título maravilloso; habría hecho la película sólo por el título, por que todo está ahí: el espejo y la imitación, que es lo que te decía sobre Strindberg.[1]

 

Imitación a la vida tiene como base la novela de Fanny Hurst, aunque el argumento fue cambiado por Douglas Sirk y por su guionista Eleanor Griffin, para poder integrar más dignamente a una mujer de raza negra no como una criada sino como parte integral de la familia, aunque haya sido considerada inferior detrás de las palabras y acciones de Lana Turner.

Fotograma 1. Título de la película, mientras los diamantes caen.

Quizás por las diferencias raciales de la época en la que se vive en el film, Lora Meredith protagonizada por Lana Turner se asombra ante el realismo puro de que Annie sea la madre de una niña blanca.

Después de la sinopsis hice un cambio, de carácter social; importante, creo. En el tratamiento de Stahl sobre la historia, la mujer blanca y la negra son copropietarias  de una próspera crêperie, lo que quitaba todo significado social a la situación de la madre negra. Quizás podía haber estado bien para la época de Stahl, pero actualmente una mujer negra que se hiciese rica podría comprarse una casa y no debería depender hasta tal grado de la mujer blanca, hecho que hace menos comprensible a la hija de la mujer negra. Por ello tuve que cambiar el eje de la película y convertir a la mujer negra en la negra típica, una criada sin mucho que pueda llamar suyo salvo la amistad, el amor y la caridad de una ama blanca. Toda esta situación, precaria y en cierto modo opresiva, explica mucho mejor la actitud de la película.[2]

Es significativo, a nuestro entender, que dentro de una Imitación a la vida de los personajes con los que Douglas Sirk juega, existe una realidad tentadora que los hace caer en una circularidad, como si se tratase del eterno retorno de lo mismo.

Podríamos decir que dada la formación clásica de Douglas Sirk, haya pensado en el mito de Sísifo, del condenado a llegar a la cima y volver a empezar donde había partido, para así colocar a cada personaje en una continua discrepancia con su otro-yo contrariado por el espejo mismo de su autocontemplación. Esto sería de lo que Sirk llamaría el rondós tragico.

Ante dicha circularidad tendríamos como ejemplo real el que Lana Turner acababa de verse implicada en un escándalo en torno al asesinato de su amante, el gangster Johnny Stompanato, del que su hija, Cheryl Crane, fue declarada responsable. En Imitación a la vida existe una madre cuya hija está enamorada del mismo hombre.

A Douglas Sirk le costó mucho trabajo conseguir que Lana Turner aceptase el papel de Lora Meredith. Sin embargo él mismo dice que no podría haberse hecho sin Lana, y ella no quería hacerla por la similitud de su vida real a la de la aparente imitación ficticia de la novela de Fanny Hurst.

Cabría destacar ciertas diferencias notables dentro de la concepción de ésta Imitación. Lana Turner es una mujer blanca, atractiva y delgada en contraposición a Annie la cual es negra, gorda e inatractiva. Por unos instantes podríamos catalogar a Lora como la clásica mujer estadounidense, es decir;  que por bondad o por querer comprar todo con el dinero llegaría a sentirse bien consigo misma. Tal es el caso de cuando le pregunta a Annie si necesita dinero, Annie le dice que no necesita nada. Lana queda nuevamente asombrada ante dicha respuesta, pareciese que su criada ha tenido la capacidad intelectual para poder prever su futuro, de hecho lo ha previsto tanto que habla de la muerte con total naturalidad. Lana al contrario le dice que no siga con eso, es como si quisiera rehuir a la realidad, en cambio Annie vive en ella y sabe que su hija la rechaza porque es negra. Al parecer se trataría de una relación amor- odio. Sarah Jane le odia más en cuanto Annie le muestra más cariño.

Fotograma 2. Annie está contenta de que tiene un lugar donde quedarse aunque sea la habitación de la limpieza al lado de la cocina. El espejo juega un papel importante en dicha configuración estética compuesta por: una escoba, una tabla de plancha y el cesto de la ropa. Se desprende la idea de un reflejo de la realidad externa con la interna que vive Annie.

Annie está obsesionada con su funeral, Lana Turner le dice que no hable sobre la muerte, pareciese que se tratase de un gran tabú para la diosa blanca. Ésta le pregunta si tiene suficiente dinero y Annie le dice que suficiente como para enviar a Sarah Jane a la universidad y para su funeral.

Es importante destacar el concepto del simbolismo de la muerte como tal:

La muerte es el aspecto perecedero y destructor de la existencia. Indica lo que desaparece en la ineluctable evolución de las cosas: se relaciona con la simbólica de la tierra.

En la iconografía antigua la muerte se representa con una tumba, un personaje armado con una guadaña, una divinidad que tiene a un ser humano entre sus quijadas, un genio alado, dos muchachos (uno negro y otro blanco), un jinete, un esqueleto, una danza macabra, una serpiente o cualquier animal psicopompo como el caballo, perro, etc.

La muerte tiene, en efecto, varias significaciones. Liberadora de las penas y las preocupaciones, no es un fin en sí misma; abre el acceso al reino del espíritu, a la vida verdadera: mors janua vitae ( la muerte puerta de la vida).[3]

A Lana le sorprende que Annie tenga amigos, de hecho le dice que nunca se le ocurrió que tuvieses muchos amigos ya que nunca la visitaban. Annie dice que conoce a cientos debido a que es adepta a la iglesia baptista. Lora confiesa que no lo sabía y Annie le dice que nunca se lo preguntó. Vemos a Lora de espaldas pero con un espejo que refleja su otro yo contrario, a la vez que converge y diverge de Annie, Lora baja la cabeza y se echa a fumar algo que piensa enmendar, se está quemando de vergüenza ante el hecho que no sabía nada de su criada, la que ha alimentado a su hija Susie, la cual irrumpe para avisar que Sarah Jane ha sido brutalmente golpeada. En un encuadre maravilloso estando las tres mujeres “blancas” de frente a la cámara, cuando Annie dice que las mentiras no traen nada bueno, la mujer negra está sola y de espaldas, queda el encuadre fijo con multiescala de las blancas en plano general y la mujer negra en plano corto. Sarah Jane sube por las escaleras  por el lado derecho del cuadrante y tenemos aquí el motion-emotion Sirkiano.

No es de extrañar que Lora haya estado cegada ante su propia realidad, el descuidar a su propia hija, Susie, de la que no se da cuenta que es una adolescente, ya que desde niña había quedado al cuidado de Annie.

Sarah Jane y Susie son dos niñas aparentemente iguales por el color de piel que las hace ver ante el mundo exterior, pero diferenciadas por el estigma de la genética y del color de sus madres.

Desde que Lora y Annie se conocen en la playa mientras conversan sentadas bajo el paso elevado pertinente rasgo de “atmósfera” dramática: la sombra, lo tenebroso, en medio del sol veraniego. De pronto surge la terrible verdad: Annie no es la criada de la niña blanca a la que acompaña: esa niña es su hija. Sara Jane parece blanca y sin embargo es negra. Su propia existencia constituye la trasgresión de la ley, del tabú del color.[4]

Fotograma 3. Sarah Jane con la mirada perdida expresando que es blanca. Annie en el segmento derecho reducida a una mínima parte de su cabeza, le explica a Lora que su hija nació para ser herida. La composición es muy interesante, ya que podría significar que Lora suplanta a Annie como la madre que Sarah Jane desea.

Los niños son inocentes y quizás muchas de las veces dicen las cosas sin tapujos, pero en el caso de los personajes de Douglas Sirk, la inocencia de Susie y la “adultez” de Sarah Jane hace que afrontemos una dualidad entre ésta última con Lora ya que ambas desean éxito y aunque Lora no diga las cosas como son y Sarah Jane sí lo haga, ambas son una visión invertida de sí mismas, es el juego del espejo. Hablamos de la misma manera de Annie y de Susie ya que ambas son dulces, conformistas y simplemente viven su vida como es, no tratan de imitar algo que no son, sino que se adaptan a su condición.

Lora siempre se está viendo al espejo, es un incesante redoblamiento de su imagen. Es como exponer que a través de toda la película ha ido evolucionando, es decir; de ser mostrada como una mujer “pobre” a mujer rica, de usar ropa común a ropa de diseño y sin lugar a dudas los diamantes son un aspecto sumamente interesante, ya sea por su reflejo que conlleva a pensar en el espejo como dualidad auto contemplativa o como simple esnobismo.

El espejo es un símbolo de la imaginación o de la conciencia, como capacitada para reproducir los reflejos del mundo visible en su realidad formal. Según Scheler y otros filósofos es el órgano de autocontemplación y reflejo del universo. Este sentido conecta el simbolismo del espejo con el del agua reflejante y el mito de Narciso, apareciendo el cosmos como un inmenso Narciso que se ve a sí mismo reflejado en la humana conciencia[5].

El recalcar que Lora siempre está viéndose al espejo, tal y como Narciso, es significativo destacar que desde que John Gavín le dice que “tendría un affaire con sus pómulos” , ya que según él son perfectos, Lora siempre se muestra segura de sí misma y por supuesto tiene que verse al espejo para darse cuenta que no es gorda, negra ni fea.

Fotograma 4. Lora está al teléfono hablando con su hija, mientras se visualiza en el espejo ante el triunfo que ha tenido esa noche en el teatro. Ya goza de unas joyas llamativas en consonancia a su vestuario. El espejo como ese contrario de lo que somos, en este caso refleja una Lora que no es en realidad.

Todo es aparente en Imitación a la vida, desde el conjunto de decorados que habitan en las vidas de los personajes hasta los cuerpos mismos de éstos. Sarah Jane que quiere ser blanca, Lora que es blanca y quiere ser rica y famosa a la vez que deseada, Annie que desearía poder ser ella misma pero tratada como un ser normal  y Susie que desearía que su madre le pusiese un poco de atención. Pero Lora está ocupada con su éxito profesional, sus diamantes y las apariencias que la envuelven como un espectro que flota en su flamante “actuación” de la imitación misma de su vida ficticia como realidad superflua de su persona.

Si el cuerpo de Lora está vergonzosamente tapado, si el Susie sigue siendo el de una niña algo crecida y bastante cursi, si el de Annie, a fuerza de austeridad, parece haber carecido siempre de sexo, el de Sarah Jane es una auténtica provocación, un estallido desordenado de erotismo.[6]

Los diamantes son grandes y gordos, a la vez que blancos y brillantes, Annie es descendente africana, lo cual no es casual que África sea el continente de donde se extraen la mayor parte de esos bellos diamantes. He aquí la forma mordaz de Douglas Sirk de significarnos un aparente esnobismo a un plano más arcaico, es decir; del paso de una jerarquización al parecer un colonialismo por parte de la blanca hacía la negra y sobre las cuestiones de moralidad de una raza que siempre ha abusado de los más desprotegidos e ignorantes.

En términos mitológicos es interesante relacionar a Lora Meredith con Perséfone:

Las hijas de Perséfone representan una forma dramática del tiempo; forman parte de una feminidad que, contrariamente a la mayoría de las mujeres belicosas se someten a la temporalidad y la muerte. Diosa impulsiva, desconocedora de la vida pasional, pero fiel al reclamo intuitivo de su corazón, es, como la reina de los infiernos, diosa de las riquezas ocultas; Perséfone es, en palabras de Sigmund Freud, la silenciosa diosa de la muerte.[7]

Lora es dueña de los escenarios, de las luces espectaculares, de la ascensión a la cima, pareciese que lo que Gilbert Durand apunta converge con nuestra perspectiva:

“La contemplación desde las cimas da la sensación de un repentino dominio del universo”.[8]

Y al parecer tal y como lo indica el antropólogo, Lora parece tener el dominio del universo al ver el mundo desde arriba, pareciese que haya conseguido todo lo que ha querido y al mismo tiempo está cegada por la luz que le llega de frente. Está tan cerca de lo espectacular que no se deja dañar por lo crepuscular, es por ello que rechaza la muerte y cualquier cosa nefasta que se le asimile, es por ello que aunque no actué como racista, se comporta como tal, no desprecia a Annie pero no le ama tampoco. Lora Meredith está siendo egoísta y alejada de su realidad, no es una mujer de su época, tal y como lo eran los grandes filósofos, que aceptaban la esclavitud como hombres éticos y concientes de su realidad social y moral.

La ascensión es imaginada contra la caída, y la luz, contra las tinieblas. El complejo de Atlas según Bachelard, complejo polémico, esquema del esfuerzo verticalizante que trae aparejado un sentimiento de contemplación monárquico y que disminuye el mundo para exaltar mejor lo gigantesco y la ambición de las ensoñaciones ascensionales.

La luz tiende a convertirse en rayo o en espada, y la ascensión, a pisotear a un adversario vencido.[9]

Lora pisotea a cualquiera que intervenga en su camino, está tan abismada y mira desde arriba a todos los que le rodean incluyendo a su hija, ni siquiera se da cuenta que su criada tiene amigos, que su hija está creciendo y se enamora del mismo hombre, ni mucho menos que Sarah Jane desearía ser como ella, es decir; tan blanca y llegar hasta la cima gracias al ejemplo que su anhelada madre le da.

Pareciese que hablásemos de Lora como si se tratase del mito de Perséfone. Núria Bou nos dice que el mito de Perséfones ha estado interpretado por los psicólogos como una representación de la feminidad adolescente que asimila la desconocida experiencia sexual al rostro misterioso de Hades.[10]

Podríamos decir que Lora sería como una femme fatal escondida en una aparente buena persona, su actitud es buena pero sus verdaderas intenciones son antitéticas, tal es el caso de las vírgenes entre muertos de las que nos habla Núria Bou en su libro ya mencionado.

A Lora no le gusta limpiar, tal y como a las femmes fatal, no es una ama casa, en cambio hemos visto su evolución de cambio de vestuario a ostentaciones simbólicas tal es el caso de los grandes diamantes y el vestuario exacerbado. Pero no era de extrañar que Lana Turner usase tantos diamantes y joyas, ya que estaba siempre imitando un papel que le había dado su propia vida real.

Ahora bien ante este hecho es importante destacar que Annie sería la madre negra que procura que no le falte alimento a nadie que se encuentra en el hogar protegido por su lazo, su bondad sustentadora del arquetipo demeteriano[11].

Annie es una madre benefactora que es doblegada a ser sobreexpuesta con la imagen del perro que Lora le chilla cuando hace la publicidad del polvo anti-pulgas. Lora le esta despreciando al perro y Sirk lo sobrepone a la imagen de Annie que sería lo mismo que despreciarle a la mujer negra, es decir; el perro es tratado mejor que una negra en la época de la película.

Fotograma 5. Lora arreglándose frente al espejo mientras Annie la cuida.

Es importante destacar que Douglas Sirk describe que él establecía la estructura general de la película, lo que llama arquitectura, pero muchas de las veces el montaje final lo hacía el productor. He aquí la dicotomía existente entre el trabajo de un realizador y los escrúpulos muchas veces del Hollywood avaricioso que solo quería obtener ganancias. Sin embargo ante estos hechos la valoración de la creatividad artística es mucho mayor que la censura que pudiese existir, es como los grandes directores podían arreglárselas para dar a entender algo por medio de cualquier técnica cinematográfica en el caso de nuestro director hablamos del motion- emotion.

 

[1] Halliday, Jon. Op., cit, pág 170.

[2] Halliday, Jon, Op., cit., pág. 179.

[3] Chevalier Jean, Gheerbrant Alain, Diccionario de los símbolos, Ed Herder, 1986, pág. 731,732.

[4] González Requena, Jesús, Op, cit., pág 167.

[5] Cirlot, Juan Eduardo, Op., cit, pág. 200.

[6] González Requena, Jesús, Op, cit., pág 176.

[7] Bou, Núria. Diosas y tumbas. Mitos femeninos en el cine de Hollywood, Barcelona Icaria, 2004, pág.123.

[8] Durand, Gilbert, Las estructuras antropológicas de lo imaginario, Fondo de Cultura Económica, 2004, pág.142.

[9] Durand, Gilbert, op, cit., pág. 165.

[10] Bou, Núria, Op, cit.,. pág 122.

[11] Bou, Núria, Op, cit., pág.118.

[12] Von Goethe, Johann Wolfgang, Teoría de los colores. Consejo general de la arquitectura técnica de España. Madrid, 1999, pág. 26,27.

[13] Cirlot, Juan Eduardo, Op., cit., pág. 324.

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One thought on “IMITATION OF LIFE 1

  1. Me ha gustado mucho tu análisis sobre la polaridad, contradicciones y doble juego sintetizado en un elemento de atrezzo. También me he dado cuenta que la misma estructura de tu análisis, se aplica al juego de luces y sombras proyectado en cada personaje y su área representativa. Por ejemplo en la última foto, Lora sólo es iluminada dentro del espejo, pero en realidad la dominante es la sombra y el negro (con todo el significante que le han dado)

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